martes, 1 de mayo de 2018

Puestos a hablar de este país…

¿Por dónde empezamos? Podríamos hacerlo por lo de Cifuentes o por el juicio de los ERE, ambos ahora en el candelero. O por la Gürtel, la Púnica, Lezo y un sinfín de casos de corrupción, «casos aislados» que diría el presidente del gobierno, que al día de hoy siguen acaparando los tribunales de justicia de este país, que se dirimen en dura competición entre sus más fieles seguidores «a ver quién es el que la tiene más grande» y confunden a la opinión pública poniendo a todos en el mismo rasero a través de sus incombustibles baterías mediáticas. Podríamos hablar también de Cataluña o de como un problema político se oculta tras una presunta causa judicial, mientras los verdaderos problemas de la gente se tapan bajo una sucesión de símbolos y banderas. Del imparable aumento de los desequilibrios sociales, de ese veintitantos por ciento de subida salarial de los ejecutivos del IBEX por el 0.8 % de sus empleados. De la temporalidad y la precariedad laboral, de la huida masiva de nuestros jóvenes allende de nuestras fronteras y hasta de las miles de personas que pierden la vida frente a nuestras costas víctimas de la desesperación causada por la guerra o el hambre, mientras miramos a otro lado y permitimos que las entrañas del Mediterráneo se conviertan en un depósito de cadáveres....




martes, 10 de abril de 2018

Carta abierta a M. Rajoy

"Es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quieren que sean los vecinos el alcalde.” (Mariano Rajoy Brey, Presidente del Gobierno de España)

Querido Mariano:

No puedo desaprovechar la ocasión que me brinda Amanece Metrópolis, para dedicarte unas cuantas líneas con mis mejores consideraciones. Y eso a pesar de tu menoscaba talla política, tu tantas veces probada incapacidad para la oratoria, dirigir el partido de gobierno más corrupto de la U.E. y tu manera de condenar a la mayor parte de los ciudadanos de este país a una crisis económica que se ha hecho crónica para ellos mientras esa otra España tuya va como un tiro para unos pocos...

sábado, 7 de abril de 2018

Master en democracia


Francamente, me pillan siempre unas fechas en estas latitudes del año que las obligaciones del trabajo me impiden mantener al día este hobby de escribir. Y no es por falta de ganas ni de temas para hacerlo que mira que los hay en esta cada vez más desnortada España con un gobierno que no gobierna, una oposición hecha unos zorros y la casa por barrer entre todos. Mientras, los españolitos de a pie dejándonos la piel para intentar sacar nuestra vida adelante cuando no, nuestros jóvenes, se ven obligados a una emigración incierta ante las pocas oportunidades que les ofrece este país.

En unos días aparecerá un nuevo artículo en Amanece Metrópolis de mi cosecha del que dejaré aquí buena cuenta pero, mientras, les dejo unos breves comentarios, sobre el fenomenal lío de la presidenta de Madrid y su más discutible que discutido Master.

A estas alturas del metraje que todavía no hayamos visto dimisión alguna en el affaire de Cristina Cifuentes es algo que no puede ya sorprendernos. Lo que sí que debería seguir preocupándonos  es la recurrente defensa de la misma desde su partido dando gas al ventilador del arco parlamentario y el buen calado de dicho argumento entre una parte de la ciudadanía que es capaz de excusar a sus representantes públicos encajando como una normalidad más sus actos más temerarios.

Una prueba más de que nuestra democracia todavía no ha alcanzado su mayoría de edad y de que en determinados aspectos seguimos aún muy lejos de otras democracias centenarias allende de los Pirineos. Por la mera condición humana es obvio que la corrupción sea un virus en estado latente para la clase política en cualquier rincón del mundo, pero sí que es cierto que en otras democracias más avanzadas si te pillan lo pagas, mientras que aquí en España la cosa se hace mucho más laxa.  Sucesos desde «el caso Toblerone», de la dimitida viceprimera ministra sueca hasta el de «la multa de tráfico» del dimitido ministro de energía británico que en España hubieran pasado como una mera anécdota, evidencian la enorme distancia que todavía nos separa de otras naciones en cuanto a la debida concienciación del asunto.

Probablemente el hecho de que la democracia viera la luz en España después de un largo periplo donde, como en todos los modelos totalitarios, la corrupción formaba parte intrínseca del estado y que ni la Transición, ni los gobiernos posteriores pusieran coto a la misma, permaneciendo en el modus operandi de la política y  haciendo de esta un brazo más de los intereses del gran capital y las grandes empresas, ha hecho que entre muchos ciudadanos haya quedado asumida aunque sea de mal grado y se quede, como tantas otras cosas, en una amena tertulia en la barra de cualquier bar.

martes, 20 de febrero de 2018

Guindos, el himno y… ¡Viva España!

La verdad que van pasando los años y se diría que estuviéramos trazando un nuevo camino a la inversa después de lo que muchos lucharon y otros hicimos lo que buenamente pudimos –algunos hasta seguimos en ello-, para hacer de este país un sitio mejor para vivir. Es como si volviéramos a revivir aquella España de Berlanga, del “Bienvenido Mr. Marshall” o “La escopeta nacional”, de chufla y pandereta o de aquella otra que suponían más allá de los Pirineos en la que todos los españoles éramos toreros y bailábamos por sevillanas.

No, yo no puedo alegrarme de que a tan infausto Ministro de Economía lo hayan nombrado Vicepresidente del BCE. Menos aun cuando nos hemos enterado que el cargo lleva apareado 340.000 eurazos anuales  –más de 50.000.000 de las antiguas pesetas-. Yo no puedo sentirme orgulloso ni como español ni menos todavía como ciudadano de un señor que prometió por activa y por pasiva que aquellos 77.000 millones del rescate a los bancos serían devueltos por estos al erario público y hace solo unos meses el mismísimo Banco de España ha reconocido que da por perdidos más de 60.000 millones que, al fin y al cabo, terminaremos pagando los contribuyentes. Pero claro, para eso está cual magnífico aparato de propaganda y por ello desde Moncloa ya se han apresurado a calificar a Luis de Guindos como el artífice del “milagro económico español”.

Y que conste que no les falta parte de razón por que con Guindos como ministro de economía los ejecutivos de las grandes empresas españolas, en medio de la mayor crisis económica mundial desde la Gran Depresión de la década de los 30 del siglo pasado, han multiplicado sus emolumentos y, en segundo plano, los beneficios de estas, mientras los ciudadanos de a pie, la inmensa mayoría de la población española, han perdido buena parte de su nivel adquisitivo de décadas anteriores, han sido víctimas de las políticas de austeridad de la horda neoliberal encabezada por el ministro y vaticina un futuro poco o nada halagüeño para la mayoría en cuanto a pensiones y servicios públicos se refiere.

Quién iba a pensar que aquel joven Secretario de Estado de Economía en el último gobierno de Aznar, que negó la existencia de una burbuja inmobiliaria que su propio gobierno puso en marcha, después fuera director de la filial española de Lehman Brothers -cuya quiebra representa el paradigma de la crisis financiera-, y haya sido causa y parte de un aumento de los desequilibrios sociales de tal magnitud que ha colocado a España  en la cola de tan lamentable ranking en la OCDE, iba a ser ahora designado como uno de los máximos responsables del Banco Central Europeo. En cualquier caso si de algo podemos estar seguros es que, desde su nuevo cargo, Luis de Guindos  va a seguir siendo el adalid del gran capital y seguirá quedando al margen al resto de los mortales.


Por lo que respecta a lo de Marta Sánchez, vaya por delante mi mayor respecto a la profesionalidad de la artista. Es más, aunque haga tiempo que se le diría alejada de las mieles del éxito, reconozco una cierta admiración por la misma y de reconocimiento a su carrera. Por eso no voy a entrar al hecho en sí de que esta señora haya decidido por su cuenta y riesgo poner letra al himno de España y lo haya cantado en un teatro de la capital. Ni se, ni me importa si lo ha hecho por gusto propio, como una manera de entender el patriotismo o si todo forma parte de una operación de marketing en favor de la artista. Tampoco voy a entrar en la manida cuestión sobre si Marta Sánchez reside en Miami o no tributa en España pero lo que si me ha llamado la atención ha sido la reacción de algunos representantes de la nómina política ante el hecho.

Lo que no debiera considerarse más que una mera anécdota ha puesto una vez más de relieve esa enconada batalla entre PP y Ciudadanos para atribuirse cada uno para sí las mayores dotes de españolidad. A ver quién de los dos es más patriota o a ver quién de los dos es el que la tiene más grande, por recordar los versos de Serrat. Un auténtico esperpento al que ha querido sumarse hasta el presidente de la Federación Española de Fútbol quien ha insinuado que tan oficiosa copla podría escucharse en la próxima Final de Copa, como si de la edición ibérica de la Super Bowl se tratara.

Francamente que ante la situación política en España con un gobierno asolado por la corrupción que no gobierna, una oposición que ve truncada cualquier iniciativa parlamentaria, una probada incapacidad para sumar mayorías a uno u otro lado al margen de la lógica bipartidista PP/PSOE y con Cataluña, la región más desarrollada de España, paralizada desde hace años por la judicialización de una cuestión política por meros intereses partidarios, se diría que nuestros representantes políticos  se hayan más preocupados que nunca por tratar todos los asuntos en clave electoral, sumidos en un interregno permanente, al acecho de sacar tajada de un nuevo despropósito, un quítame allá esas pajas o cualquier episodio baladí de la farándula nacional.

domingo, 18 de febrero de 2018

Esa España que va tan bien

Entre otras muchas cosas otra de las cuestiones que debería preocuparnos en estos tumultuosos tiempos que corren es el extraordinario ejercicio de manipulación que desde el gobierno, numerosas instituciones públicas y buena parte de la industria mediática al servicio de un cada vez más omnímodo poder económico y financiero, pretende influir en la opinión pública ofreciendo una visión completamente distorsionada de la realidad.

Hemos comentado ya en otras ocasiones que el desarrollo y aplicación del capitalismo en su versión más fundamentalista desde el inicio de la crisis financiera hace ya una década, ha traído como consecuencia lo que sería un nuevo modelo de sociedad que podría ser asimilable a otros de tiempos pretéritos. Aquellos en los que un estado podía erigirse en una potencia dominante mientras sus ciudadanos eran víctimas de la más inclemente miseria.

Esta España del SXXI se ésta convirtiendo en un buen ejemplo de ello y no en vano nos encontramos ante un país que en lo que a la economía se refiere los datos macros resultan inmejorables con un ritmo de crecimiento y creación de empleo que nos pone a la cabeza de la mismísima U.E.  Nada desde desdeñable si no fuera porque la realidad a pie de calle dista mucho de esa misma percepción que no es más que el resultado del extraordinario aumento de los desequilibrios sociales y, en general, de la sensible pérdida de nivel adquisitivo del grueso de la población que sitúa a este mismo país a la cola de la OCDE desde ese punto de vista.

Volviendo al principio me gustaría comentar hoy dos cuestiones que vienen a ahondar en el tema y que no hacen más que poner en evidencia los aires triunfalistas del gobierno y que, por otra parte, auspician un futuro sumido en un mar de dudas. En primer lugar, valga recordar que según los datos del INE, desde 2009 a 2017 casi un millón de españoles han abandonado el país, según el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero. Este número corresponde a los inscritos en los registros consulares de sus países de destino pero sabida la ineficiencia de los consulados y embajadas españolas que apenas si prestan servicio a sus compatriotas, muchos ni siquiera optan por inscribirse por lo que se sospecha que dicho número de personas es en realidad muy superior al oficialmente recogido.

No obstante aun dando por válida dicha cifra, podríamos determinar dos cuestiones más que evidentes: Por una parte que si tuviéramos en consideración ese millón de ciudadanos que se han visto obligado a abandonar este país ante la falta de oportunidades, la tasa de desempleo presentaría unos porcentajes aún mucho más escandalosos de los que al día de hoy todavía mantiene y por otra que, en consecuencia, resulta más que evidente que los mismos no tienen cabida en España.

Y es aquí donde ha lugar a lo referente al tan manido y poco debatido modelo productivo. Es cierto que este ha cambiado, al menos en parte, desde  el estallido de la burbuja inmobiliaria: hemos cambiado “ladrillos” por “turistas”. España, desde los tiempos del Desarrollismo, desde el fin de la catastrófica época de la autarquía franquista a finales de los 50 hasta las crisis del petróleo de los 70, ha basado buena parte de su economía en la construcción y el turismo. No en vano, en los momentos más álgidos de la burbuja, la construcción representaba más del 10 % del PIB mientras que la educación representaba un porcentaje pírrico del mismo. Por poner un ejemplo significativo, a la inversa de lo que ocurre generalmente en Suecia, en el otro extremo del índice de calidad de vida entre los países de similar desarrollo de la U.E., según datos de Eurostat.

Desde 2009 hasta hoy, la cifra de turistas que llegan a España se ha incrementado en un 57.4 %, un dato que resulta más que elocuente es atípico en tan poco espacio de tiempo en un país que ya es de por sí una potencia por este concepto en el mundo. Y que no es otro que el resultado de la extraordinaria caída de otros tradicionales destinos turísticos como ocurre con casi todo el norte de África, Turquía, etc. E incluso destinos tan señalados como París que ha perdido 1.5 millones de turistas al año, todos ellos consecuencia del terrorismo.


Por desgracia no es presumible que ni el terrorismo, ni la persistente inestabilidad de las regiones afectadas en nuestro entorno, especialmente en buena parte de la cuenca mediterránea, vayan a verse reducidas en el corto o medio plazo por lo que la afluencia de turistas seguirá llegando de manera multitudinaria a España. Aunque, los datos así lo revelan igualmente, la distribución de los beneficios procedentes de la industria turística presente los mismos desequilibrios que el resto del modelo económico.

En resumidas cuentas nos encontramos que dos de los más fundamentales recursos a que, como decíamos al principio, tanto las principales instituciones como sus voceros mediáticos recurren para alabar el milagro económico español, no son consecuencia directa de la gestión de las mismas sí no, en el primer caso por la desaparición masiva de una ingente cantidad de mano obra y en el segundo de un accidente de la historia.

Atentos.

miércoles, 31 de enero de 2018

Por distender: Una del disparate futbolero.

Entre el 2° y el 5° puesto de la Liga de 1°. División en España, a estas alturas y cuando andamos ya por la 3ª. Jornada de la 2° vuelta, la diferencia es de 9 puntos. Es cierto que el Barça, del que por cierto poco se apostaba al principio del campeonato, parece que salvo catástrofe va a ser el próximo ganador del campeonato, aunque bien es cierto también que buena parte de ello es culpa de tener entre sus filas a uno de esos jugadores que surgen en el universo futbolístico cada 20 ó 30 años como es el caso de Leo Messi.

Hace pocos días que ha caído en la Copa el R. Madrid, tras salir derrotado de su propia casa por un modesto Leganés con una plantilla a años luz de la galaxia madridista. Pero ¿realmente es esto así más allá de lo que resuelve un contrato? Evidentemente no. Tanto que, al día de hoy cuando escribo estas líneas el Valencia con un presupuesto de poco más de 90 mill. de euros ocupa el tercer puesto de la Liga, mientras el Real Madrid con un presupuesto 600 mill. más alto que el del equipo che, es su más inmediato perseguidor.

Hace ya demasiados años que en el fútbol de élite lo deportivo quedó relegado a un segundo plano para dar rienda suelta primero a un espectáculo de masas y después a un furibundo negocio que con el tiempo se ha ido enrareciendo cada vez más, hasta verse convertido en lo que es hoy: un extraordinario despropósito en todos los sentidos donde lo que prima, por encima de cualquier otra consideración, es el desenfreno económico y financiero sin límites.

Como no es este el lugar más apropiado para hablar de semejante escarnio, máxime cuando debiera tratarse poco más que de un esparcimiento, y que se podrían escribir ríos de tinta sobre todo ese oscuro mundo que rodea al fútbol y a las principales instituciones futboleras, desde la Federación Española hasta llegar a la UEFA o la FIFA, cuyos espurios intereses se diluyen en los oscuros recovecos de un paraíso fiscal como es Suiza, nos quedaremos en lo superficial o lo que mejor dicho más se ve y que no es otra cosa que los propios futbolistas.


Y es que la pesadilla vivida por el equipo blanco en el Santiago Bernabéu, como les pasó en eliminatorias anteriores al Ath. Bilbao o a la Real Sociedad, ponen en evidencia que la diferencia entre las fichas de los jugadores de equipos como el R. Madrid, el Barça, el At. Madrid y demás especies de la susodicha élite futbolera poco o nada tienen que ver con la existente en el plano deportivo con sus adversarios de menos enjundia. Por contar una anécdota real sobre el respecto, valga el caso de David de Gea, el fenomenal guardameta de la selección española, procedente de la cantera del At. Madrid. El debut del jugador con el primer equipo rojiblanco se produjo en 2009, con apenas 18 años, tras una serie de coincidencias –lesiones y sanciones en los porteros titulares-, que le auparon precipitadamente al puesto. Después de su éxito su padre contaría que el joven portero estaba a punto de dejar en aquellos momentos el fútbol o al menos su dedicación plena al mismo, vista la extrema dificultad para tener un hueco en un equipo de cierta categoría. Hoy De Gea es portero titular en el Manchester United y en la Selección Española pero de no haberse dado las rocambolescas circunstancias que llevaron a su debut probablemente hubiera dejado el fútbol o habría acabado en un equipo cualquiera de  divisiones inferiores o, en el mejor de los casos, en un club de menor renombre.

La singular historia de David de Gea, por contra a la de tantos otros que acabaron quedándose a las puertas del éxito,  pone en evidencia lo que decíamos al principio del artículo: que salvo en contadísimas ocasiones poco o nada tiene que ver la diferencia de salarios entre unos y otros futbolistas y su calidad como jugador.  Por cierto que no vendría nada mal, como ocurre en las grandes ligas norteamericanas donde se fijan límites salariales a los jugadores –y eso que le llaman el país más liberal del planeta-, que por estos lares se acuñara un modelo parecido. Los aficionados y los que no lo son tanto nos evitaríamos dos cosas: la vergüenza de observar cifras como las que se manejan y que nuestro equipo, en la mayor parte de los casos a causa de ello y como ha pasado tantas veces, acabe pasando a mejor vida víctima de sus deudas.

lunes, 22 de enero de 2018

Democracia, radicales y anti-sistemas

No se preocupen que aunque pueda parecerlo no vamos a hablar de Cataluña.

Podemos, en relación a la cuestión catalana, ha quedado muy clara desde el primer momento su postura. No quiere que Cataluña se escinda de España pero entiende la necesidad de un referéndum –en el que ha repetido hasta la saciedad que haría campaña por la permanencia de Cataluña en el estado español-,  para que los catalanes decidan su futuro  y que de una vez por todas ponga fin al problema o al menos lo relegue a un segundo plano y centre a las instituciones en cuestiones más terrenales. Sin embargo, si hiciéramos una encuesta al respecto habría un porcentaje importante de personas que dirían que Podemos promueve la separación de Cataluña del resto de España. Y no es difícil encontrar editoriales de importantes diarios que tachan de forma habitual a Podemos de radical y hasta de independentista.

Del mismo modo la mayoría de movimientos y plataformas sociales, grupos ecologistas y formaciones políticas surgidas al amparo del 15M, quedarían enmarcados en los mismos términos: anti-sistemas y radicales, por no decir para muchos de considerarlos poco más allá de unos disolutos tarambanas. Sin embargo, al menos que se sepa, a ninguno de sus principales representantes se les conocen fortunas en paraísos fiscales, no han sido condenados por alguna corruptela al uso o han cruzado alguna puerta giratoria. Es decir, todo lo contrario a lo que nos tienen acostumbrados las formaciones políticas de rancio abolengo en nuestra escena política.

La crisis financiera de 2007/8, protagonizada por la ortodoxia capitalista como resultado de los usos propiciados en el neoliberalismo a partir de los 80, consolidada tras la caída del Muro de Berlín en los 90 y que se expandiera sin control a principios del presente siglo, ha venido a propiciar no solo el fortalecimiento del capitalismo si no también la defenestración de cualquier otro principio.  No es que siquiera se haya venido a refundar el modelo –como pregonaran de manera tan efusiva Sarkozy, Merkel y Obama-, tras el estallido de la crisis, sí no que una vez mancilladas por completo las políticas que reconstruyeran Europa tras la Segunda Guerra Mundial y desarrollaron el Estado del Bienestar, nos encontramos ahora con un patrón capitalista que adoptando de hecho pronunciamientos extremos está causando verdaderos estropicios en el ámbito social y lo que es peor se ha dotado de todas las argucias necesarias para enviar al ostracismo cualquier otra doctrina que pueda ponerlo en tela de juicio, aunque para ello sea capaz de colocar a la propia democracia en entredicho.


Así lo advirtieron numerosos autores de la literatura del SXX como una consecuencia del desenfreno tecnológico, la deshumanización de la sociedad, un insostenible modelo de crecimiento perpetuo y lo que es peor las consecuencias de una ambición ilimitada. En medio de esta vorágine irrefrenable se está intentando mediatizar al pueblo a través de una poderosa industria propagandística y la notoria superficialidad de las redes sociales de que no hay más opciones posibles. Es lo que se conoce como “pensamiento único” –sumisión a los mercados financieros, aumento de la precariedad laboral en pos de un más que discutible modelo de competitividad, de los desequilibrios sociales y fiscales, menoscabo de los servicios públicos, etc.- mientras que toda aquella postura que lo contradiga, no esté dispuesta a asumirlo disciplinadamente o simplemente ose ponerlo en duda, queda fuera del sistema establecido. O lo que es mismo, de forma categórica recibe el calificativo de “antisistema”.

Probablemente el caso más flagrante sea el griego, casualmente donde viera por primera vez la luz la democracia. Durante años el partido socialista, PASOK, y el partido conservador, Nueva Democracia –incluso éste último falseo las cuentas del estado para ocultar la situación real del país-, saquearon las arcas griegas mientras la Unión Europea y las principales instituciones financieras del mundo miraban a otro lado. Por no decir que auspiciados por las mismas, hasta que la crisis de 2007/8 condujera definitivamente a Grecia a la quiebra. Cuando Syriza una plataforma de movimientos políticos y sociales de izquierdas ganó las elecciones en 2015 y propuso otras alternativas para sacar a ésta de la depresión en que se encontraba no fue solo frenada por las autoridades comunitarias y financieras a través de aquellas mismas instituciones, sí no que ambas hicieron sucumbir a los griegos infligiéndoles tal castigo –a modo de advertencia también para el resto-, que les ha acabado condenando al infortunio por varias décadas. Sin embargo, la apariencia que se ha dado al asunto es otra muy distinta y hoy para buena parte de los ciudadanos Syriza es el gran culpable de la crisis griega y de todas las desgracias sobrevenidas a la población helena.

Los diferentes movimientos de indignados que surgieran a raíz de la crisis a lo largo y ancho de todo el mundo desarrollado desde Occupy Wall Street en EE.UU. a la Nuit Debout en Francia, pasando por el 15M en España como una de las principales fuentes inspiradoras del resto, han venido a poner en evidencia las fallas del actual modelo capitalista y han hecho posible que muchos de los mismos se hayan convertido en nuevas opciones políticas que en algunos casos han alcanzado las instituciones haciéndose oír más allá de sus denuncias y presentando propuestas diferentes a las inmovilistas de los partidos valedores del sistema. Por cierto, un inmovilismo  que ha hecho saltar por los aires a la mayor parte de los partidos socialdemócratas europeos a los que sus votantes les han dado la espalda al sentirse defraudados ante la falta de respuesta a sus problemas, cuando se presuponía de los mismos un carácter mucho más solidario que el de sus oponentes conservadores.


En España, con sus aciertos y errores, las nuevas apuestas de estas formaciones políticas es sobre todo en el ámbito municipal donde van adquiriendo mayor arraigo pero contra las que toda una batería de acciones se han puesto en marcha desde el poder establecido con el fin de reprobar las mismas y ponerlas en tela de juicio, en ridículo si cabe, ante la opinión pública. Tanto como acusándolas incluso y advirtiendo de ello en tono amenazador de pretender instaurar modelo políticos y económicos tan depauperados  como los de algunas repúblicas bananeras, la antigua Unión Soviética, el régimen iraní o el tan infausto de la dinastía Kim de Corea del Norte.

Valga el caso que ha vuelto a darse en Madrid –ni mucho menos el único pero el más significativo por su cuantía y por cuanto se trata de la capital de España-, cuando el ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, ha amenazado con intervenir las cuentas del Ayuntamiento que dirige Manuela Carmena, al no aceptar el capítulo de gastos previsto en sus presupuestos. Lo más singular del caso es que dichas cuentas cumplen con creces la ley de estabilidad presupuestaria –impuesta desde la U.E. a raíz del rescate financiero-, en cuanto a las dos premisas exigidas: déficit cero –el ayuntamiento de Madrid ha cosechado el pasado año un superávit de más de 1.000 mill. de euros-, y reducción de la deuda –más de un 40 % en su caso-. Sin embargo Montoro introdujo en España en la norma lo que se llama “la regla de gasto”, otra variable por la que ningún ayuntamiento o comunidad autónoma que tuviera superávit puede invertir en gasto público más allá del 2.4 % del mismo el ejercicio siguiente. El resto solo podrá dedicarse a amortizar deuda, lo que tal y como están los intereses en la actualidad no parece una opción muy razonable, o a guardarlo sin más en un cajón.

Resulta obvio que dicha “regla de gasto” tiene un claro sesgo ideológico: impedir la inversión pública. Desde el punto de vista neoliberal ésta debe quedar reducida a la mínima expresión de ahí que la privatización de los servicios públicos sea una de sus principales premisas, en este caso del gobierno del Partido Popular y en general como disciplina dominante en la Europa actual. En su doctrinario la intervención pública altera el libre funcionamiento de la economía que debe auto-regularse por sí sola como si de un ecosistema natural se tratara. Un concepto fisiocrático del SXVIII que si bien no fue bienvenido en principio por el liberalismo económico terminó siendo abrazado por este bajo la denominación de “laissez faire”.

El pasado mes de Diciembre el INE e Intermon Oxfam han vuelto a publicar los datos sobre los extraordinarios desequilibrios de la sociedad española que siguen aumentando año tras año y sitúan a nuestro país a la cabeza de la desigualdad en la U.E. Los datos resultan demoledores: Durante la crisis mientras los salarios de las clases trabajadoras peor pagadas se han desplomado el 28 % en la última década, los de las clases más altas no solo se mantuvieron si no que llegaron a aumentar en algunos casos, incrementándose todavía más la diferencia entre ambos. O lo que es lo mismo la diferencia entre el salario medio de un alto ejecutivo y el salario medio de un trabajador de la misma empresa se ha multiplicado de forma escandalosa en los últimos 30 años y no digamos ya respecto a los salarios más bajos donde la proporción se vuelve escalofriante. No solo y con eso, según datos de Eurostat, España se sitúa a la cola –después de Grecia-, de los 15 países de similar desarrollo de la U.E. en cuanto al nivel de su salario mínimo respecto al índice de paridad de poder adquisitivo entre países.

La citada “regla de gasto” o el aumento de los desequilibrios salariales son solo dos de los muchos botones de muestra del modus operandi que tiene en su haber una crisis como la actual en un cada vez más convulso SXXI. Una doctrina cuya vehemencia inusitada sigue acariciando dos de las peores fallas de la naturaleza humana: su avaricia y codicia sin límites, dispuestas a cualquier cosa para mantener su estatus a toda costa. En definitiva y mucho más allá de las simples apariencias cabría preguntarse quién o quiénes son los auténticos radicales y antisistema.